Una Exigencia Merecida

En una amena tertulia un joven, en una actitud inquisidora, le pregunta a su amiga a cerca de qué características buscaría en un pretendiente; a lo que ella, luego de reflexionar un breve momento, dijo:

una exigencia merecida– Teniendo en cuenta que yo sola me las agencio para vivir con cierta comodidad: poseo una profesión, me encargo de todos los gastos que em atañen y hasta realizo actividades que implican cierta rudeza para mantener en orden mi hogar. Por tanto, no me puedo restringir a cumplir solamente con las tareas de casa y estar subordinada económicamente a un esposo. Pero, si me encuentro en la situación de formularle al hombre que quiera conquistarme qué es lo que puede proporcionarme.

El muchacho se quedó contemplándola y, pareciéndole que ella hacía alusión al dinero, y la joven, dándose cuenta de lo que el él estaba imaginando, continuó:

– No me estoy refiriendo a lo que tú estás pensando, de ninguna manera. Más bien estoy hablando de una persona que busque la excelencia en todo lo que haga; a álguien de gran nivel intelectual con quien uno pueda disfrutar de sus conversaciones; a un hombre que me inspire respeto a partir del buen trato que él me pueda ofrecer; a uno que sea audaz para buscar nuevos objetivos, que tenga la sensatez para comprenderme cuando pase por momentos adversos y me aliente moralmente en circunstancias difíciles.

Cuando terminó de hablar, mirándole fijamente, un tanto desconcertado, el joven preguntó:

– ¿No estás exigiendo demasiado?

Ella contestó:

– Solamente exijo lo que merezco.

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