Quizás sí, Quizás no

Nadie sabe algo sobre el devenir de la propia vida. La buena fortuna puede volverse amarga y lo que al principio parece ‘mala suerte’ puede tornarse una bendición. Una anécdota, contada entre los aborígenes de Los Andes, muestra esa paradoja.

Hace muchos años, existía un amauta que educaba y formaba a los hijos de los nobles para que sean buenos sucesores de sus padres. Su trabajo era reconocido por toda la realeza. De hecho, hasta los gobernantes de otros reinos solían acudir a él para pedirle consejos en beneficio de la supervivencia de sus gobiernos.

Un día ocurrió que los consejos del amauta ayudaron a salvar una gran batalla y, el gobernador de aquel reino, decidió otorgarle una gran herencia. Cuando las cosas se hicieron públicas al interior del reinado, una gran muchedumbre fue a felicitarlo. Le dijeron:

– Usted es el hombre más afortunado de este pueblo.

Él contestó:

– ‘Quizás sí, quizás no’.

Pero después de unos días, un jurista de la región le arrebató toda la herencia –que el amauta había recibido del gobernador de aquella región– empleando una serie de artimañas poco usuales en el reino. Nuevamente, la muchedumbre acudió a él para consolarle. Esta vez expusieron sus lamentos:

– ¡Que mala suerte! ¡Qué injusticia!

El amauta contestó tranquilamente:

– ‘Quizás sí, quizás no’.

Seguidamente ocurrió que –como en todos los tiempos– un buen jurista actuó en favor de aquel hombre sabio devolviéndole lo que en justicia le correspondía.

Entonces la multitud, nuevamente, se abalanzó hacia él para felicitarle. Le Dijeron:

– Buen hombre, eres muy afortunado. Los espíritus de nuestros antepasados están de tu lado, deberías ser tú quien gobierne este pueblo para que todos conozcan la justicia, el equilibrio, el bienestar y la armonía entre todos.

Y el amauta se limitó a responder:

– ‘Quizás sí, quizás no’.