La Joven que quiso ser Violonchelista

Cierta vez, una joven hizo unos cursos de violonchelo y se sentía tan orgullosa que se decía: “yo seré la mejor violochelista que jamás ha conocido el mundo”.
Un día, escuchó que al poblado había llegado un músico de renombre para prestar sus servicios a toda la juventud de aquella región. Entonces, la joven fue a presentarse ante él diciendo:
– Maestro, quiero ser la mejor violochelista que jamás ha conocido el mundo.
El maestro contestó:
– Está bien señorita, será usted como quiere ser. Pero si quiere ser una de mis alumnas, debe hacer una demostración básica delante mío.
La joven, disponiéndose para hacer la demostración, abrió el estuche del violonchelo y tomando una posición cómoda tocó las notas más básicas de la música.
Pero, antes de que terminara la presentación, la muchacha miró el rostro del maestro que estaba moviendo la cabeza como si estaría en total desacuerdo. Entonces dijo ella:
– ¿Qué le sucede señor? ¿No le gusta lo que toco?
Él contestó:
– ¡No señorita, pero usted no tiene condiciones..!

La muchacha, completamente insinuada por las palabras del músico, se retiró del lugar y se fue llorando a su casa. Abandonó el instrumento en las calamidades de un galpón y, con el tiempo, se olvidó de aquel triste momento. Posteriormente, conforme pasó el tiempo, se casó, construyó su casa, formó su hogar y tuvo hijos. 
Después de mucho tiempo, una amiga le invitó a visitar el Teatro Municipal del poblado donde hubía una presentación de muchos artistas, entre ellos, estaban también muchas violonchelistas. Ella, en cambio, al verlas lucir a las muchachas, recordó sus tiempos de joven y sus grandes pretensiones de llegar a ser la violonchelista más famosa que jamás haya conocido el mundo.

Sin embargo, finalizada las presentaciones, a la salida del teatro y de casualidad, se encontró con el maestro de música quien le había desaprobado en aquel entonces. La saludó, le mostró fotos de su familia, su casa, su esposo, fotos de viajes, de sus hijos y todo cuanto había hecho en ese tiempo. Luego, añadió:

– Señor, hasta ahora no logro entender, ¿cómo pudo adivinar que yo no tenía condiciones para ser violonchelista? Hubiera llegado a ser la mejor violonchelista que jamás haya conocido el mundo.

El director de música contestó:

– Apenas la miré, durante la demostración, me di cuenta de que debería decirte lo mismo que le digo a cualquiera que se me acerque.

La mujer replicó:

– Pero, señor, eso es imperdonable. ¡Arruinó mi vida!

Y el músico concluyó:

– No lo creo mujer. Si usted realmente hubiera querido ser la mejor violonchelista que jamás haya conocido el mundo, no habría tomado en cuenta mis palabras.

 

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La Paz, 07 de Septiembre del 2013