La Calumnia

Cierta vez, un hombre que calumnió gravemente a un amigo suyo. Tal calumnia tenía como base la envidia por el éxito que aquel había logrado.
Tiempo después, tras haber provocado la ruina del amigo a través de sus mentiras, se arrepintió y fue a visitar a un sabio –que vivía en la periferia de la ciudad– a quien le dijo:
– Quiero enmendar todo el daño que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?
El sabio respondió:
– Toma un ave de la granja y desplúmalo mientras vayas recorriendo por todas las calles de la ciudad.
El hombre, muy contento por aquella tarea tan fácil, tomó un ave de la granja y fue desplumando por todas las calles de la ciudad. Después de haber cumplido con la tarea, regresó donde el maestro y dijo:
– Maestro, he terminado la tarea que me ha encomendado.
Entonces, el sabio contestó:
– Esa era la parte fácil… Ahora debes volver por las mismas calles para recoger todas las plumas que habéis esparcido.
El hombre se entristeció, pues sabía lo que eso significaba. Se puso a trabajar pero no consiguió recoger sino alguna que otra pluma. Luego se presentó al maestro, casi con las manos vacías, y éste sentenció:
– Así como no pudiste juntar casi ni una sola pluma de lo que habéis derramado, así también el mal que hiciste se esparció de boca en boca… No hay forma de reparar el daño que hiciste.
‘La envidia es la gestora de la calumnia

 

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La Paz, 06 de Abril del 2014