El Valor de Ser Fiel a sí Mismo

En la celebración de la fiesta de un lejano pueblo, un comerciante ató dos globos de espléndidos colores y los dejó elevarse por los cielos con la finalidad de vender su mercancía. 

Los niños de la comarca, percatados de aquel hecho llamativo, se acercaron y solicitaron insistentemente a sus padres para que les comprasen los más bellos, como los que ascendían al cielo.

Al cabo de un rato muchos niños ya tenían en sus manos los globos muy coloridos, y algunos se aventuraron a soltarlos para verlos volar muy alto.

Contrariamente a la alegría que se percibía en los habitantes del lugar, había un niño de raza negra que observaba con mucha aflicción todo lo que acontecía. El vendedor, que era de noble corazón, se percató de ello y se dirigió hacia aquel muchacho para obsequiarle un globo; pero este se negó a recibirlo.

Ante el desconcierto del hombre, el pequeño creyó oportuno preguntarle:

— ¿Es posible que el globo negro que usted tiene se eleve tan alto, al igual que los otros de distinto color?

— Inténtalo tú mismo —manifestó el vendedor entregándole un precioso globo negro.

El pequeño, con expectativa e ilusión, dejó de sujetar lo que se le había dado, de pronto el globo comenzó a ascender con inusitada fuerza hasta perderse de su vista.

Así, el hombre, viendo el brillo de los ojos que reflejaban la inmensa felicidad del muchacho, agregó:

— Hijo, lo que permite al globo elevarse no es el color ni la forma que pueda tener, sino lo que lleva dentro.

Ten el valor de ser fiel a lo que llevas dentro… porque, un día, lo alcanzarás.

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La Paz, 27 de Julio del 2014