El Nuevo Imperativo

Una acalorada discusión se formó entre los discípulos de Khishka. Uno comenzó a sentirse muy amigo de éste, y quería todas las preferencias que a un amigo se le puede dar.

Había otro que estaba en el mismo asunto, ser considerado como el mejor amigo del maestro. Pero se dio la casualidad de que ambos notaran lo que estaba ocurriendo.

La discusión se formaba en torno a este asunto: ¿quién era el más amigo del maestro? Ya que éste trataba a todos por igual, es decir, a sus ocho discípulos, con quienes caminaban explorando lugares, haciendo aventuras, y discutiendo sobre algunos temas de importancia vital, los trataba de la misma forma.

Y como los dos discípulos estaban en disputa, esta vez, el evento se extendió hasta el colmo de que llegaran al límite de amenazarse a muerte. Entonces, un día, estando frente al maestro, demostraron esa actitud intercambiaron palabras fuertes y alzándose la voz. Khishka, al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, condujo a los litigantes al lugar preferido de las conminaciones.

Estando allí, les dijo:

– Ustedes dos, habéis progresado en la amistad hasta tal punto de haceros enemigos. Esa es una buena señal. Pero esto tiene riesgos que no se pueden subsanar.

Ellos, queriendo congraciarse con el maestro, como siempre lo hacían, pidieron perdón y, en seguida, se comprometieron a no volver a caer en el mismo error. 

Entonces, el maestro declaró:

– ¡No es razonable que me pidáis perdón por ello, eso no es lo correcto. El ‘Ñan’ (el método del caminar perfecto) no admite tales hipocresías. Lejos de vosotros el pedir perdón y el pedir disculpas. Si algo habéis hecho, sea malo o bueno, sea para vuestro progreso en el camino de la comprensión! 

Los discípulos se quedaron, al menos por un momento, empapados de silencio. Entre tanto, el maestro sentenció:

– En cuanto a lo que venían discutiendo, les recuerdo el primitivo imperativo del ‘Ñan’: “No hagas amigos, sé amistoso”.

Cuando la gente se da cuenta de que parezco guardar algún secreto, me suele decir: “si tú eres mi amigo, dímelo”. Parece un chantaje, ¿verdad? Pero, yo, siempre suelo contestar: “Yo no tengo amigos en este mundo. Es más, no los necesito”. ¿Para qué tener amigos? Basta con que seas amistoso con todo el entorno que te rodea, porque hacer amigos es lo mismo que procurarse para sí un enemigo futuro, cercano o lejano. Así que estoy de acuerdo con la enseñanza del ‘Ñan’: “No hagas amigos, sé amistoso”.
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Copacabana, 04 de Mayo del 2013