El Judío Avaro

Un hombre judío, quien era tremendamente avaro, se dijo un día: “consultaré con el adivino más famoso de esta región para saber si voy a conservar toda la riqueza que tengo”. Fue a consultar al adivino y éste le dijo:

– De la noche a la mañana, todas tus riquezas pasarán a las manos de un hombre pobre.

El rico, impresionado por el presagio del adivino, dado que tenía un vecino pobre al cual parecía hacer referencia la premonición, dijo para sus adentros: “no le daré la razón a este viejo que se jactó en anunciarme semejante presagio”.

Entonces decidió vender todos sus bienes y con el dinero obtenido se compró un diamante. El diamante era tan hermoso que el avaro no quiso desprenderse de él ni un solo momento. Siempre lo llevaba consigo. Luego, a fin de gozar siempre de su compañía, escondió entre las aberturas de su turbante. Seguidamente se dijo:

“Este miserable vecino jamás obtendrá lo que con tanto esfuerzo he hecho posible. No se enterará dónde está escondida mi riqueza”.

Tiempo después, fue un día a la playa para disfrutar de las aguas del mar. Justo al salir de él, vino sobre él un ventarrón, le arrebató el turbante y éste se hundió en las aguas.

Aún así, el hombre avaro dijo para sí: he perdido el diamante y con él toda mi riqueza. ¡Que las aguas se aprovechen de ella pero que ningún pobretón la toque!

Sin embargo, sucedió que pocos días después, el pobre vecino fue al mercado a comprase un pescado y, para su suerte, justo al abrirlo, encontró el diamante en las entrañas del pez.

Así, una vez más, se cumplió el presagio del adivino de aquella región.

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La Paz, 20 de Mayo del 2014