El Buey Silencioso

Los compañeros de fray Tomás al verle alto (1,90 m.), corpulento y taciturno, comenzaron a llamarle: ‘El Buey mudo de Sicilia’.

En una ocasión le tocó repetir la lección que San Alberto había explicado con una larga serie de intrincados argumentos. Lo hizo con tal acierto, que repitió todos los argumentos y, además, los esclareció con nuevas luces.

Entre los esclarecimientos proferidos, fueron: “La razón no se contradice con la fe. La razón es, más bien, la sierva de la fe y, siendo su sierva, debe ayudar a comprender los presupuestos racionales de fe… Esa es la tarea fundamental de la Razón”.

La exposición causó tal asombro que su profesor San Alberto, pronunció la siguiente profecía:

– “Lo llaman el buey silencioso. Pero yo digo que cuando este buey muja, sus mugidos llenarán el mundo”.

Desde entonces, Alberto y Tomás, emprendieron la ardua tarea de evitar el peligro de la ruptura entre la Fe y la Razón. ¿Cómo lo hicieron? Bautizando la Filosofía de Aristóteles. Una labor increíble, capaz de dejar exhaustos a veinte o treinta eruditos.

Entre las tesis perspicaces de Tomás, figuraban: la aceptación del principio del conocimiento humano de Aristóteles, es decir, “Nada hay en el intelecto que antes no haya pasado por los sentidos…”. Asimismo, para él y sus discípulos, estaba claro que “el conocimiento humano comienza por los sentidos”.

Otro de los argumentos destacables fue sobre su Teoría Política. En esto también aceptó los argumentos de Aristóteles. Éste había dicho: “El hombre es animal social y político”. Y Santo Tomás de Aquino, en ese entonces, declaró: “El hombre es ser social y político; la sociedad es para el hombre, no al revés… Sin embargo la sociedad es compleja, exige vías justas…”. De ahí la necesidad de las leyes.

En esa misma ocasión, estando entre ellos un interesado en leyes, preguntó a Tomás:

– ¿Qué función cumple la ley respecto al hombre?

Y la respuesta de Tomás no se dejó esperar. Él contestó:

– “Por la ley es el hombre… es el más noble ser”. La ley ennoblece la vida del hombre.

En otra oportunidad, ya cercana a su muerte, estando recogido en oración en la capilla de San Nicolás de Nápoles, oyó la voz de Jesús Crucificado que le decía:

– Has escrito muy bien de Mí, Tomás. ¿Qué recompensa quieres de Mí por tu trabajo?

El Santo respondió:

– Señor, no quiero ninguna cosa, sino sólo a Ti.

En el mismo lugar, el día 6 de diciembre del año 1273, día de San Nicolás, mientras celebraba la Santa Misa, tuvo una visión. A partir de aquel día no volvió a escribir ni a dictar. Entonces Fr. Reinaldo, su confesor, le preguntó:

– Fray Tomás, ¿por qué dejaste de escribir y dictar clases?

El santo contestó:

– No puedo, no puedo. Todo lo que he escrito es paja en comparación con lo que Dios me ha hecho ver.

Autor: Ohslho Shree
La Paz, 02 de Agosto del 2007

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