El Baile de lo Temporal y lo Atemporal

Mohi se encontraba envuelto en un conflicto sumamente tedioso y molestoso. Su molestia surgía más y más por escuchar la charlatanería de los sabios que decían: este mundo es una ilusión. Cansado de escucharles tanto, decidió ir donde Dios para preguntarle:

– No acabo de entender cómo es posible que todo sea una ilusión. ¡Lo que es, es! ¿Cómo puede ser ilusorio? ¿Qué significa?

Era medio día y él tenía una sed implacable. Dios dijo:
– Tengo sed. Por favor, tráeme un poco de agua y luego aclararé tus dudas.
Mohi se dirigió de inmediato a la aldea para conseguir agua. Los aldeanos se encontraban en plena siesta, pues estaba siendo azotado por el calor insoportable del mediodía. El hombre llamó a una puerta y apareció una chica hermosa. Al verla, Mohi se olvidó completamente de Dios y del motivo por el que había acudido allí.
El hombre se quedó mirando a la muchacha, totalmente absorto, totalmente enamorado. Declaró que había llegado con el propósito de desposarla. Y, como el padre de la chica no estaba, ella le invitó a que descansase un poco, mientras su padre volviese. Él aceptó y se puso a descansar.
Al regresar, el padre aceptó la proposición y se celebró el matrimonio. Fue un matrimonio fructífero, tuvieron un batallón de niños de los que ocuparse. Tiempo después, el padre de la muchacha murió y ellos se tornaron mayores.
Era la estación de las lluvias, hubo inundaciones y la aldea fue barrida por las aguas. Él, en un esfuerzo de salvar a su esposa e hijos, intentó escapar de la inundación. Más tarde, se volvió anciano y disminuyeron sus fuerzas; al intentar salvar a sus hijos, fue arrastrado por las aguas torrenciales junto con su esposa.
Ya medio muerto y completamente vulnerable, alcanzó llegar a una orilla. Mientras  estaba con  los ojos cerrados y el rostro cubierto de lodo y lágrimas, escuchó la voz de alguien que decía:
– ¡Levántate! Sí que te ha costado. El sol casi se ha puesto y sigo esperando aquí, sediento. ¿No me has traído el agua que te pedí?
Mohi abrió los ojos y vio a Dios. Entonces dijo:
– ¡Dios mío! Me olvidé. Pero mientras tanto han sucedido una serie de cosas, ¿y dices que se ha puesto el sol?
Dios contestó:
– Así es, el sol acaba de ponerse.
Luego, el hombre miró a sus alrededores y no encontró señal de ninguna inundación. Sin embargo, preguntó sobre su esposa y sus hijos.
Dios dijo:
– ¿Tus hijos? ¿Tu esposa? ¿Has estado soñando? Me acabas de preguntar: “¿Cómo puede ser que todo sea una ilusión?”
Lo que es no es una ilusión, pero percibido a través del vehículo de lo temporal se convierte en ilusión. Asimismo, todo lo que es visto a través del vehículo de lo atemporal se convierte en La Verdad.

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La Paz, 20 de Mayo del 2013