El Amor y los Celos

Había una vez un joven que se casó con una joven muy bonita. Como la muchacha era tan bonita, todo el mundo la deseaba. Entonces se apoderó del joven unos celos que no podía dominarlos. Un día se dijo: “esta mujer, debido a su belleza, es muy deseada por todos. En cuanto me descuide un poco me la van a arrebatar. No dejaré que eso suceda”.

Entonces comenzó a tramar una idea estrafalaria, hasta que un día dijo a la joven:

— Tus ojos miran a todo el mundo, son demasiado bonitos.

Entonces, le arrancó los ojos. Después le dijo:

— Con tus manos puedes hacer gestos de invitación.

Y le cortó las manos.

— Todavía puede hablar con otros —pensó.

Y le extirpó la lengua. Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.

Por último, le cortó las piernas.

— De este modo —se dijo— estaré más tranquilo.

Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba.

— Ella es fea —pensaba—, pero al menos será mía hasta la muerte; nadie me las arrebatará.

Un día volvió a casa y no encontró a la muchacha: había desaparecido, raptada por un exhibidor y coleccionista de fenómenos raros.

Apoderarse de la belleza es tanto como intentar adueñarse de la naturaleza. Intentar adueñarse de la belleza es tanto como perderla, sin haberla conocido. El amor embellece y da alas, en cambio los celos corroen y afean el amor.

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La Paz, 11 de Mayo del 2014