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martes, 21 de octubre de 2014

El Agua Magica

En una aldea vivía una pareja que se pasaba todo el tiempo discutiendo. Un día, los vecinos cansados de tantos gritos visitaron a la mujer y le recomendaron que visitara al sabio que residía en lo alto de la montaña y que tenía en su haber un “agua mágica” que curaba todo.
 

La mujer escuchó el consejo y fue a ver al sabio. Le contó, con lágrimas en los ojos, cuál era el problema con su pareja. Después de escucharla atentamente, el hombre le entregó una botella llena de agua diciéndole:
 

— Toma esta botella de agua y cuando tu pareja comience a pelear, discutir, maldecir... toma unas gotas de esta botella y mantén el agua en tu boca. No la escupas ni la tragues hasta que tu pareja se calme. Hazlo cada vez que comience la discusión. Si así lo haces, dejarán de gritar, discutir y pelear.
 

— Gracias —dijo la mujer.
 

Y regresó a su casa con la botella de agua mágica.
 

Cuando escuchó que entraba su esposo y comenzaba con los habituales gritos: ¿Dónde estuviste? ¿Por qué no está lista la comida? Sin contestarle, tomó un poco del agua y la mantuvo en su boca, mientras su pareja seguía gritando. Al ver que ella no le contestaba, el hombre calló.
 

La mujer preparó la comida mientras susurraba una alegre melodía. Después de un rato, nuevamente empezó el hombre a pelear:
 

— ¡Mira la casa! ¡Está sucia y desarreglada!
 

Ella, sintiéndose ofendida, quiso responderle; pero, en vez de ello, tomó un sorbo de agua de la botella y guardó silencio.
 

El hombre, al ver que su mujer no respondía, también guardó silencio.
 

Y así fueron pasando los días. Cada vez que él comenzaba a discutir, ella tomaba el agua mágica de la botella y esperaba a que él se tranquilice. Y cuando ella tenía ganas de discutir, tomaba el agua mágica y se calmaba. Con el tiempo ambos dejaron de discutir y aprendieron a vivir en paz.
 

Después de un tiempo, la mujer le contó a su pareja acerca del agua mágica y juntos decidieron visitar al sabio que había cambiado sus vidas.
 

Después de haber llegado a la montaña, donde residía el sabio, manifestaron su agradecimiento por el favor recibido. Pero éste, tras escucharles, comentó:
 

No es agua mágica la que les he dado, sino agua simple. La acción de controlarse es la que les enseñó a vivir sin peleas, dándose tiempo antes de responder, pensando en qué y cómo decir las cosas.

Publicado por: Ohslho
La Paz, 21 de Octubre del 2014
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viernes, 19 de septiembre de 2014

El Cambio más Importante

En un lejano poblado vivían un maestro y su discípulo. El discípulo, que siempre solía lamentarse de sus limitaciones, al fin, requirió la intervención del maestro. Éste dijo:

- Naturalmente, eres limitado; pero ¿no te has dado cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace unos años te habría sido imposible realizarlas?

El discípulo asintió:

- Creo que sí, maestro.

El maestro continuó:

- Entonces ¿qué es lo que ha sucedido?

El discípulo dijo:

- Han cambiado mis talentos.

El maestro intervino:

- No, has cambiado tú.

Entonces el discípulo repuso:

- ¿Acaso es no es lo mismo?

El sabio concluyó:

- No, tú eres lo que tú piensas que eres. Cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú.

El día que cambies tú, cambiará todo.

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La Paz,19 de Septiembre del 2014


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sábado, 13 de septiembre de 2014

La Sortija

Un joven le dijo a su maestro que no quería hacer nada porque se tenía poca estima, sentía que no era poco eficiente para realizar alguna actividad y le preguntó qué debía hacer para desarrollarse como persona y buscar que su entorno social tenga una buena opinión sobre él.

El sabio, sin dirigirle la vista, le contestó:

– Lo lamento mucho, pero no puedo; primero debo resolver una situación adversa. Sin embargo, si tú me ayudas a mí, seguramente daré solución a tus interrogantes.

– Está bien, maestro –manifestó el discípulo con cierta perplejidad, pensando que una vez más no era tomado en cuenta.

Entonces, su mentor se quitó una de las sortijas que llevaba en su mano derecha y le entregó para que el muchacho la vendiera en el mercado por un valor de dos monedas de oro.

El joven fue al mercado para ofrecer la sortija. Algunos se acercaron con cierto interés pero, enterados de que la sortija costaba no menos que dos monedas de oro, se burlaron de su elevado precio. El muchacho, sumamente apenado, decidió devolver la sortija a su dueño ya que no pudo venderla.

Ya estando en frente del maestro, el joven informó a cerca de lo acontecido en el mercado, diciendo:

– Es difícil que alguien pueda pagar por el valor real de la sortija.

El sabio contestó:

– Has mencionado algo muy relevante. Luego preguntó: –¿sabes cuánto vale realmente este aro? La única persona indicada para señalar el valor de este objeto es el joyero. Ve donde él y averigua cuánto está dispuesto a ofrecer; pero no se la vendas por ningún motivo, aunque el precio sea elevado.

Entonces, el muchacho se dirigió donde el joyero. Éste, después de examinarlo, manifestó:

– Si estás interesado en venderla, te ofrezco sesenta monedas de oro por la sortija.

El joven, explotando de emoción por dentro, fue inmediatamente donde su guía espiritual para narrarle lo ocurrido.

– ¡El joyero está dispuesto a pagar sesenta monedas de oro por esta sortija!

Y el maestro, viendo la emoción del joven, contestó:

– Como esa sortija, tú eres único y posees un valor inestimable. No es bueno ir por el mundo buscando la aprobación de lo que eres. El único que puede evaluarte es una persona entendida…

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La Paz, 13 de Septiembre del 2014
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viernes, 29 de agosto de 2014

El Último Mensaje del Rey

En una oportunidad un rey que tenía un solo hijo, con la intención de que éste fuera sabio y prudente como él, tomó la decisión de exiliarlo de su reino dando órdenes estrictas de no permitir su regreso por ningún concepto.
 

El exiliado, en este caso el príncipe, con el correr del tiempo, se convirtió en un verdadero mendigo, olvidándose incluso de sus orígenes. Sin embargo, cuando el rey estaba a punto de morir, hizo regresar a su hijo con la finalidad de nombrarle su sucesor.
 

Una gran caravana, haciendo un servicio efectivo, procuró el regreso del príncipe ante su padre que estaba a punto de morir. Y como en el camino venía el hijo mentalizándose de su anterior condición, despertó en él las ganas de saber por qué el rey –su padre– había actuado con él de esa manera. Así preguntó a su padre:
 

– ¿Por qué razones permitiste exiliarme de tu reino por tanto tiempo?
Y el rey contestó:
 

– Hijo mío, quería que conocieras por ti mismo la necesidad, el pasar frío, hambre, la desprotección, la soledad, etc., pues, de lo contrario, no podrás acertar en tus decisiones con respecto al reino que ahora te toca asumir. Porque la sabiduría está también en el conocimiento de los extremos de la vida. ¡Nunca lo olvides!
 

Apenas había concluido verter su mensaje, el rey expiró y el joven príncipe fue proclamado rey y señor de todo el imperio.
 

Quien no conoce los extremos de la vida no podrá tomar sabias decisiones. La necesidad es la madre del acierto.

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La Paz, 29 de Agosto del 2014
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sábado, 23 de agosto de 2014

El Collar de las Nueve Perlas

Dos exploradores salieron en busca de una recóndita aldea. En el camino se cruzaron con una mujer, que arrodillada en un pequeño río, lavaba ropa. Uno de los hombres se detuvo y dijo al otro:
 

— Amigo, por favor espérame, que quiero conocer y hablar con esa mujer.
 

El amigo, al verla y notar que la mujer no es nada del otro mundo, dijo al otro:
 

— ¿Hablar con esa mujer? ¿No te das cuenta que en la aldea podrías encontrar otras mujeres más hermosas?
 

Entonces, haciendo caso omiso de los juicios de amigo, el hombre se acercó a la mujer y comenzó a  hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres. Pero ella le contestó que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella y, en ese caso, debía hablar primero con su padre, que es el jefe del pueblo.
 

Él la miró y asintió:
 

— Está bien. Llévame ante tu padre. Quiero casarme contigo.
 

El otro explorador, cuando escuchó esto, no lo pudo creer. Pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, el explorador enamorado siguió a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea, a quien le explicó sus intenciones.
 

El jefe de la tribu lo escuchó y explicó que en su aldea es costumbre pagar una dote por la mujer que se elige para casarse. Entonces le informa que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas; por las más hermosas y más jóvenes se debía entregar un collar con nueve perlas; por las menos hermosas, pero que eran excelentes cuidando los niños, un collar con 8 perlas; y así disminuía el valor de la dote al tener menos virtudes.
 

Y cuando el explorador, sin embargo, confiesa que ya había elegido una, el jefe contestó que por aquella, por no ser tan hermosa, solo tendría que entregar un collar con tres perlas. El hombre aceptó la propuesta y se realizó la ceremonia. En cambio, el segundo explorador partió al día siguiente rumbo a su aldea lejana.
 

Después de unos años el viajero regresó a la aldea escondida y por el camino observó un espectáculo increíble: un grupo de gente llevaba sentada en una silla a una hermosa mujer. La escena lo dejó perturbado pero él, no dando importancia alguna, retomó su camino en busca de su amigo. Cuando, al fin, lo encontró, se atrevió a preguntarle por su esposa.
 

El amigo contestó:
 

— Muy bien, es una mujer espléndida —respondió el interpelado—. Es más, creo que la viste siendo llevada en andas por un grupo de gente, alrededor de la playa porque está de cumpleaños.
 

El otro intervino:
 

— Pero no es la misma mujer que yo conocí, ¿qué sucedió para que cambiara tanto?
 

— Muy sencillo —explicó el primero—. Me pidieron de dote un collar de tres perlas por ella, y ella creía que valía eso. Pero yo pagué por ella nueve perlas, la traté y consideré siempre como una mujer de nueve perlas. La amé como una mujer de nueve perlas. Y ella se transformó en una mujer de nueve perlas.
 

Un amor inmenso y sincero cambia considerablemente al ser amado...

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La Paz, 23 de Agosto del 2014
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miércoles, 6 de agosto de 2014

Historia de Dos Leones

Esta es la historia de dos leones, uno viejo y el otro joven. Siempre andaban juntos y solían también cazar juntos, pero el más joven tenía una peculiaridad, la de agarrarse la cola.

Un día el león viejo le preguntó a su joven compañero:
 

¿Por qué siempre tratas de agarrarte la cola?
 

El león más joven contestó:
 

Porque he aprendido que lo mejor es la felicidad y mi cola es la felicidad. A ti, ¿no te ocurre lo mismo?  Preguntó.
Y el león más viejo dijo:
 

Sí, pero no exactamente. Sé que mi cola es la felicidad pero, de un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que cuando la persigo se me escapa más y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás de mí por donde quiera que yo vaya.

La felicidad será un hecho cuando hagas lo que debes hacer.


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La Paz, 06 de Agosto del 2014
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domingo, 27 de julio de 2014

El Valor de Ser Fiel a sí Mismo

En la celebración de la fiesta de un lejano pueblo, un comerciante ató dos globos de espléndidos colores y los dejó elevarse por los cielos con la finalidad de vender su mercancía. 

Los niños de la comarca, percatados de aquel hecho llamativo, se acercaron y solicitaron insistentemente a sus padres para que les comprasen los más bellos, como los que ascendían al cielo.
 

Al cabo de un rato muchos niños ya tenían en sus manos los globos muy coloridos, y algunos se aventuraron a soltarlos para verlos volar muy alto.
 

Contrariamente a la alegría que se percibía en los habitantes del lugar, había un niño de raza negra que observaba con mucha aflicción todo lo que acontecía. El vendedor, que era de noble corazón, se percató de ello y se dirigió hacia aquel muchacho para obsequiarle un globo; pero este se negó a recibirlo.
 

Ante el desconcierto del hombre, el pequeño creyó oportuno preguntarle:
 

— ¿Es posible que el globo negro que usted tiene se eleve tan alto, al igual que los otros de distinto color?
 

— Inténtalo tú mismo —manifestó el vendedor entregándole un precioso globo negro.
 

El pequeño, con expectativa e ilusión, dejó de sujetar lo que se le había dado, de pronto el globo comenzó a ascender con inusitada fuerza hasta perderse de su vista.
 

Así, el hombre, viendo el brillo de los ojos que reflejaban la inmensa felicidad del muchacho, agregó:
 

— Hijo, lo que permite al globo elevarse no es el color ni la forma que pueda tener, sino lo que lleva dentro.
 

Ten el valor de ser fiel a lo que llevas dentro… porque, un día, lo alcanzarás.

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La Paz, 27 de Julio del 2014

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