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sábado, 23 de agosto de 2014

El Collar de las Nueve Perlas

Dos exploradores salieron en busca de una recóndita aldea. En el camino se cruzaron con una mujer, que arrodillada en un pequeño río, lavaba ropa. Uno de los hombres se detuvo y dijo al otro:
 

— Amigo, por favor espérame, que quiero conocer y hablar con esa mujer.
 

El amigo, al verla y notar que la mujer no es nada del otro mundo, dijo al otro:
 

— ¿Hablar con esa mujer? ¿No te das cuenta que en la aldea podrías encontrar otras mujeres más hermosas?
 

Entonces, haciendo caso omiso de los juicios de amigo, el hombre se acercó a la mujer y comenzó a  hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres. Pero ella le contestó que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intención de casarse con ella y, en ese caso, debía hablar primero con su padre, que es el jefe del pueblo.
 

Él la miró y asintió:
 

— Está bien. Llévame ante tu padre. Quiero casarme contigo.
 

El otro explorador, cuando escuchó esto, no lo pudo creer. Pensó que se trataba de una broma. Sin embargo, el explorador enamorado siguió a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea, a quien le explicó sus intenciones.
 

El jefe de la tribu lo escuchó y explicó que en su aldea es costumbre pagar una dote por la mujer que se elige para casarse. Entonces le informa que tiene varias hijas, y que el valor de la dote varía según las bondades de cada una de ellas; por las más hermosas y más jóvenes se debía entregar un collar con nueve perlas; por las menos hermosas, pero que eran excelentes cuidando los niños, un collar con 8 perlas; y así disminuía el valor de la dote al tener menos virtudes.
 

Y cuando el explorador, sin embargo, confiesa que ya había elegido una, el jefe contestó que por aquella, por no ser tan hermosa, solo tendría que entregar un collar con tres perlas. El hombre aceptó la propuesta y se realizó la ceremonia. En cambio, el segundo explorador partió al día siguiente rumbo a su aldea lejana.
 

Después de unos años el viajero regresó a la aldea escondida y por el camino observó un espectáculo increíble: un grupo de gente llevaba sentada en una silla a una hermosa mujer. La escena lo dejó perturbado pero él, no dando importancia alguna, retomó su camino en busca de su amigo. Cuando, al fin, lo encontró, se atrevió a preguntarle por su esposa.
 

El amigo contestó:
 

— Muy bien, es una mujer espléndida —respondió el interpelado—. Es más, creo que la viste siendo llevada en andas por un grupo de gente, alrededor de la playa porque está de cumpleaños.
 

El otro intervino:
 

— Pero no es la misma mujer que yo conocí, ¿qué sucedió para que cambiara tanto?
 

— Muy sencillo —explicó el primero—. Me pidieron de dote un collar de tres perlas por ella, y ella creía que valía eso. Pero yo pagué por ella nueve perlas, la traté y consideré siempre como una mujer de nueve perlas. La amé como una mujer de nueve perlas. Y ella se transformó en una mujer de nueve perlas.
 

Un amor inmenso y sincero cambia considerablemente al ser amado...

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La Paz, 23 de Agosto del 2014
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miércoles, 6 de agosto de 2014

Historia de Dos Leones

Esta es la historia de dos leones, uno viejo y el otro joven. Siempre andaban juntos y solían también cazar juntos, pero el más joven tenía una peculiaridad, la de agarrarse la cola.

Un día el león viejo le preguntó a su joven compañero:
 

¿Por qué siempre tratas de agarrarte la cola?
 

El león más joven contestó:
 

Porque he aprendido que lo mejor es la felicidad y mi cola es la felicidad. A ti, ¿no te ocurre lo mismo?  Preguntó.
Y el león más viejo dijo:
 

Sí, pero no exactamente. Sé que mi cola es la felicidad pero, de un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que cuando la persigo se me escapa más y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás de mí por donde quiera que yo vaya.

La felicidad será un hecho cuando hagas lo que debes hacer.


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La Paz, 06 de Agosto del 2014
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domingo, 27 de julio de 2014

El Valor de Ser Fiel a sí Mismo

En la celebración de la fiesta de un lejano pueblo, un comerciante ató dos globos de espléndidos colores y los dejó elevarse por los cielos con la finalidad de vender su mercancía. 

Los niños de la comarca, percatados de aquel hecho llamativo, se acercaron y solicitaron insistentemente a sus padres para que les comprasen los más bellos, como los que ascendían al cielo.
 

Al cabo de un rato muchos niños ya tenían en sus manos los globos muy coloridos, y algunos se aventuraron a soltarlos para verlos volar muy alto.
 

Contrariamente a la alegría que se percibía en los habitantes del lugar, había un niño de raza negra que observaba con mucha aflicción todo lo que acontecía. El vendedor, que era de noble corazón, se percató de ello y se dirigió hacia aquel muchacho para obsequiarle un globo; pero este se negó a recibirlo.
 

Ante el desconcierto del hombre, el pequeño creyó oportuno preguntarle:
 

— ¿Es posible que el globo negro que usted tiene se eleve tan alto, al igual que los otros de distinto color?
 

— Inténtalo tú mismo —manifestó el vendedor entregándole un precioso globo negro.
 

El pequeño, con expectativa e ilusión, dejó de sujetar lo que se le había dado, de pronto el globo comenzó a ascender con inusitada fuerza hasta perderse de su vista.
 

Así, el hombre, viendo el brillo de los ojos que reflejaban la inmensa felicidad del muchacho, agregó:
 

— Hijo, lo que permite al globo elevarse no es el color ni la forma que pueda tener, sino lo que lleva dentro.
 

Ten el valor de ser fiel a lo que llevas dentro… porque, un día, lo alcanzarás.

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La Paz, 27 de Julio del 2014

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jueves, 10 de julio de 2014

Un Trabajador Valioso

Dos albañiles fueron contratados para arreglar la chimenea de una fábrica que necesitaba una reparación urgente, pero era bastante difícil llegar hasta ahí. Solo podía accederse a ella colocando la punta de un tablón a través de una abertura que daba al exterior y que otra persona se pusiera de contrapeso en el otro extremo interior.
 

El capataz llamó a los dos albañiles y los llevó al torreón de la chimenea y mandó que uno de ellos se colocara dentro, encima de la tabla, y que el otro estuviera fuera para realizar el trabajo de reparación.
 

Sin embargo, el segundo trabajador se negó rotundamente a cumplir las órdenes y dijo:
 

— Aquel podría levantarse y yo me iría abajo.
 

Entonces, el capataz se sentó en el tablón e inmediatamente el segundo albañil se colocó en el lado opuesto y comenzó a hacer la reparación de la chimenea.
 

.... Al terminar, el capataz le preguntó:
 

— ¿Por qué te has atrevido a hacerlo sin dudar cuando yo estaba sentado en la tabla? Yo también hubiera podido levantarme.
 

El trabajador contestó cortésmente:
 

— ¡Oh, no, jefe! Usted no lo hubiese hecho porque me considera un trabajador muy valioso, según figura en mi contrato.

Publicado por: Ohslho
La Paz, 10 de Julio del 2014
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lunes, 7 de julio de 2014

La Elección

Un joven que ya no podía más con sus problemas cayó de rodillas, completamente vencido, sin fuerzas y, sollozando, oró diciendo:
 

— Señor, no puedo seguir. Mi cruz es demasiado pesada.
 

Dios, como siempre, acudió y le contestó:
 

— Hijo mío, si no puedes llevar el peso de tu cruz, guárdala dentro de esa habitación, después abre esa puerta y escoge la cruz que tú quieres.
 

El joven suspiró aliviado:
 

— Gracias, Señor —dijo, e hizo lo que le había dicho.
 

Al entrar, vio muchas cruces, algunas tan grandes que no podía ver la parte de arriba. Sin embargo, bien al fondo del recinto, vio una cruz pequeña, apoyada en un extremo de la pared. Dijo entonces:
 

— Señor, quisiera esa que está allá.
 

Y Dios le contestó:
 

 — Hijo mío, esa es la cruz que acabas de dejar.
 

¡Ánimo! ¡No desfallezcas! Dios permite llevar los problemas más pequeños para conseguir triunfos grandes.


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martes, 20 de mayo de 2014

El Judío Avaro

Un hombre judío, quien era tremendamente avaro, se dijo un día: “consultaré con el adivino más famoso de esta región para saber si voy a conservar toda la riqueza que tengo”. Fue a consultar al adivino y éste le dijo:
 

– De la noche a la mañana, todas tus riquezas pasarán a las manos de un hombre pobre.
 

El rico, impresionado por el presagio del adivino, dado que tenía un vecino pobre al cual parecía hacer referencia la premonición, dijo para sus adentros: “no le daré la razón a este viejo que se jactó en anunciarme semejante presagio”.

Entonces decidió vender todos sus bienes y con el dinero obtenido se compró un diamante. El diamante era tan hermoso que el avaro no quiso desprenderse de él ni un solo momento. Siempre lo llevaba consigo. Luego, a fin de gozar siempre de su compañía, escondió entre las aberturas de su turbante. Seguidamente se dijo:
 

“Este miserable vecino jamás obtendrá lo que con tanto esfuerzo he hecho posible. No se enterará dónde está escondida mi riqueza”.
 

Tiempo después, fue un día a la playa para disfrutar de las aguas del mar. Justo al salir de él, vino sobre él un ventarrón, le arrebató el turbante y éste se hundió en las aguas.
 

Aún así, el hombre avaro dijo para sí: he perdido el diamante y con él toda mi riqueza. ¡Que las aguas se aprovechen de ella pero que ningún pobretón la toque!

Sin embargo, sucedió que pocos días después, el pobre vecino fue al mercado a comprase un pescado y, para su suerte, justo al abrirlo, encontró el diamante en las entrañas del pez.
 

Así, una vez más, se cumplió el presagio del adivino de aquella región.

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La Paz, 20 de Mayo del 2014
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domingo, 11 de mayo de 2014

El Amor y los Celos

Había una vez un joven que se casó con una joven muy bonita. Como la muchacha era tan bonita, todo el mundo la deseaba. Entonces se apoderó del joven unos celos que no podía dominarlos. Un día se dijo: “esta mujer, debido a su belleza, es muy deseada por todos. En cuanto me descuide un poco me la van a arrebatar. No dejaré que eso suceda”.

Entonces comenzó a tramar una idea estrafalaria, hasta que un día dijo a la joven:

— Tus ojos miran a todo el mundo, son demasiado bonitos.

Entonces, le arrancó los ojos. Después le dijo:

— Con tus manos puedes hacer gestos de invitación.

Y le cortó las manos.

— Todavía puede hablar con otros —pensó.

Y le extirpó la lengua. Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.

Por último, le cortó las piernas.

— De este modo —se dijo— estaré más tranquilo.

Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba.

— Ella es fea —pensaba—, pero al menos será mía hasta la muerte; nadie me las arrebatará.

Un día volvió a casa y no encontró a la muchacha: había desaparecido, raptada por un exhibidor y coleccionista de fenómenos raros.

Apoderarse de la belleza es tanto como intentar adueñarse de la naturaleza. Intentar adueñarse de la belleza es tanto como perderla, sin haberla conocido. El amor embellece y da alas, en cambio los celos corroen y afean el amor.

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La Paz, 11 de Mayo del 2014
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